Animales y faraones. El reino animal en el Antiguo Egipto. 2015 — Museografía

Proyecto museográfico sobre la la relación de los habitantes del Antiguo Egipto con los animales que poblaban las tierras del Nilo, y su transición como mascotas y animales de carga a deidades y compañeros durante el viaje a la muerte. 

Institución impulsora: Fundació Bancària “la Caixa”

Ubicación: Barcelona, Cataluña

© Fotografía: Pepo Segura

Los animales siempre han estado al lado del hombre, como acompañantes, trabajadores, alimento, protagonistas de fábulas, y también transformados en dioses. La simbología zoomórfica ha estado presente en un gran número de civilizaciones, pero tal vez haya sido en la egipcia donde ha adquirido mayor significado.

Estos animales pasaron de animales de compañía a compañeros en el viaje que las almas emprendían tras la muerte, para terminar convirtiéndose en las deidades que oficiaban las ceremonias de transición al más allá. El proyecto de museografía pretende reflejar esta frontera entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos como forma de relatar el proceso de deificación de los animales en el Antiguo Egipto. Perros, gatos, monos, toros, peces, cocodrilos, serpientes, caballos, carneros, leones, musarañas y escarabajos aparecen no solo como esculturas sino también en todo tipo de amuletos, elementos cerámicos, peines, cucharas, etc., que dan una idea de la infinita presencia del reino animal entre la sociedad egipcia.

El primer ambiente que conforma el recorrido representa la vida terrenal, y por eso las obras expuestas se encuentran en un entorno de colores ocres y paisajes desérticos como fondo de perspectiva. El mundo supraterrenal se distingue por la presencia de colores blancos y un fondo mucho más abstracto de un potente tono azul. Sobre este se recorta la escultura de los babuinos. Los egipcios creían que estos animales adoraban al dios Ra, cuando en realidad se tendían al sol para calentarse. Esta conexión entre el cielo y la tierra se representa por el hueco vertical cuya apertura traza un único rayo que atraviesa ambos espacios, al que adoran estos babuinos de piedra.