Sibila. Canto, mito y tradición. 2008 — Museografía

La exposición muestra la historia de esta tradición, desde el origen del personaje de la Sibila en la mitología clásica hasta la tradición navideña de representar el Canto de la Sibila en Mallorca y otros lugares.

Institución impulsora: Obra Social “Sa Nostra"

Ubicación: Palma, Islas Baleares

© Fotografía: Ignasi Cristià SL

© Dibujos: Ignasi Cristià i Garcia

La Sibila es un personaje de la mitología pagana que el cristianismo adoptó en torno a las postrimerías del primer milenio como anunciadora del Apocalipsis. Esta exposición se realizó con muy pocas piezas a exponer, puesto que la representación del Canto de la Sibila en Mallorca está declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Las imágenes eran escasas, y las grabaciones de vídeo eran de poca calidad. Así que se trabajó con algunas esculturas que pertenecían a un retablo, con representaciones de la Sibila, y con el escaso material audiovisual existente. De aquí que las herramientas para la resolución de esta museografía sean de nuevo escenográficas.

Se accede a la exposición a través de una caja escénica entre bambalinas de nubes rojas que simbolizan el anuncio del Apocalipsis cantado por la Sibila. Desde la entrada se ve la espalda de la escultura, como una presencia misteriosa, irreconocible desde este punto de vista, ya que se encuentra en muy mal estado de conservación. La escultura mira hacia al frente, encarada a la puerta del infierno, que se halla en la siguiente sala. Alrededor de la escultura hay una estancia de color granate sobre la que se dispone un friso que relata la historia de este personaje mitológico. La historia cuenta que finalmente llegó el año 1.000 y el Apocalipsis no sucedió, pero el canto de la Sibila continuó resonando a través de los siglos en la cultura popular y en la literatura y la filosofía, como se muestra en las siguientes salas. La última zona está dedicada al análisis de la obra, de la representación del Canto. Este espacio es tal vez el más elaborado de toda la exposición. Mediante un juego de espejos se recrea una serie de arcos falsamente fugados en perspectiva que duplican el espacio simulando la nave de una iglesia. En las capillas laterales se disponen vitrinas iluminadas decoradas con fotogramas de vídeo de la representación, alterados para que simulen los vitrales. En ellos se muestran objetos para aclararse la voz y otros útiles empleados en este ritual milenario. De fondo de perspectiva encontramos una imagen de nuevo quebrada por un espejo, dos juegos de vestuario auténticos utilizados en la representación del Canto que ponen el broche final a esta muestra. 

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